Conducción inteligente y civilizada

La conducción de vehículos la ejercemos de forma automática en el quehacer de nuestras vidas diarias. Esto acaba comportando una serie de vicios y malas prácticas a las que debemos prestar atención, para intentar controlarlas y mejorar nuestro comportamiento con el coche. Es decir, debemos ser conscientes de nuestras deficiencias en la conducción de nuestro vehículo, para así poder potenciar nuestras virtudes al volante.

Empecemos, entonces, por aquellas prácticas que están directamente vinculadas al hecho de conducir en sí, para después centrarnos en la relación de la conducción con otros conductores, esto es, cómo debemos comportarnos con las demás personas que comparten las carreteras con nosotros.

Así pues, la conducción de nuestro coche debe estar regida por la concentración y la creación de un ritual previo al encendido del coche, que favorezca, inconscientemente, el estado de máxima atención con los pies en los pedales, las manos en el volante y la vista en el horizonte de la carretera. De esta forma, es muy importante sentarse en el asiento del conductor y comprobar la correcta situación de los elementos que pueden despistar nuestra conducción, en el caso en que necesitásemos modificarlos durante la conducción. Todo esto es: colocar el asiento en la distancia y altura adecuada, revisar la posición de los espejos, las luces y, claro está, abrocharnos el cinturón de seguridad.

Por otra parte, hay una serie de elementos no vinculados directamente a la conducción pero que en nuestra práctica diaria acaban ligados a nuestro comportamiento con el coche. Nos referimos, por ejemplo, a la radio, al mechero, a la mochila de los niños, la cartera y el móvil. Por eso, también es muy importante dejar bien sintonizado el transistor, configurar el móvil con la radio o con el coche, en caso de que contemos con algún sistema de manos libres. Si no, es mejor dejar el móvil en algún lugar alejado, para evitar así cualquier distracción mientras conducimos. En este sentido, es muy recomendable dejar bien situados los objetos que portamos en el coche, para que no anden bailando por el interior del vehículo y poder recurrir a ellos con comodidad, en caso de que fuese necesario.

Una vez que tenemos el coche encendido y estamos circulando por las carreteras debemos centrarnos en el proceso mismo de la conducción. Despejar la mente de nuestras preocupaciones, sueños y desvelos, dejar que nuestra atención se fije prioritariamente en todo aquello que atañe a nuestra situación concreta: la conducción. Así, debemos pensar y mirar a la carretera, no con la mirada vacía, sino previendo los posibles riesgos, interpretando las señales, el trazado de las carreteras, planificando nuestro trayecto, en fin, anticipándonos a las situaciones sobrevenidas. En este sentido, es adecuado fijar la mirada no en lo inmediato, es decir, en la distancia corta, sino en la larga. Cuanto más lejana sea nuestra mirada, más prontamente podremos responder ante lo inesperado.

Por otra parte, si nos encontramos en una situación de riesgo, un obstáculo a evitar, por ejemplo, es aconsejable centrarse en la maniobra de evasión y no en el objeto o situación que está generando nuestra incomodidad. Dicho de otra forma, es más importante buscar la salida, que no centrarse en lo que obstruye nuestro camino.

Estos consejos son apropiados para la conducción con nosotros mismos y nuestro coche. Pero en las carreteras también nos encontramos con otros coches y otros conductores. Es, por eso, que nuestra conducción debe estar regida por la máxima del respeto. Respeto a la diversidad de los conductores y vehículos con los que compartimos la red de carreteras. Muchas veces se le dice a la gente “la carretera no es tuya”. En efecto, es así, la carretera no es suya. Nosotros invertiríamos incluso la perspectiva. Nuestros coches pertenecen a la carretera, así que solo es ella la que puede decidir y orientar el comportamiento de los conductores.

En definitiva, debemos respetar a los demás conductores. Para ello es muy importante ajustarse al código de circulación. Este sirve como referente, como un marco en el que desarrollar nuestra relación con las demás personas en la carretera. Por ello, las maniobras irrespetuosas con el código de circulación son también maniobras irrespetuosas con el resto de personas con las que compartimos las carreteras.

El incumplimiento del código de circulación genera, por otra parte, situaciones imprevisibles para el resto de conductores y, consecuentemente, situaciones de riesgo. Así que, por favor, no tengáis prisa y no hagáis una conducción agresiva con las personas con las que tenemos que convivir en un entorno. Colaborad, más bien, a que nuestras conducciones sean cada vez más seguras, inteligentes y civilizadas.

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