T (+34) 988 225 334 E info@servicioaleman.es

Crisis de modelo automovilístico

Primero fue Volkswagen y ahora Mitsubishi. Los fabricantes de coches están exhibiendo una carencia en la fiabilidad de sus productos. Estos no se adecúan a los requisitos exigidos por las legislaciones medioambientales, lo que implica ya no solo la pérdida de confianza por parte de los consumidores hacia los vehículos diseñados y montados por estas compañías, sino también una flagrante violación de las normas que socialmente nos imponemos con el fin de regular el bienestar común.

Los fabricantes de coches representan un porcentaje nada desdeñable dentro del marco ecónomico global de nuestras sociedades. De hecho, en España, el sector automovílistico genera aproximadamente un 10% de la ocupación laboral: talleres, concesionarios, cadenas de montaje, superficies distribuidoras de productos para coches y el transporte de dichas mercancías. Esto presupone al sector automovilístico un poder material e ideológico sobre el conjunto de la sociedad. Su capacidad para desquebrajar las relaciones que sostienen el entramado social es evidente. La deslocalización de una fábrica de coches, bien sea la Citröen en Vigo o cualquiera de las plantas de montaje en el corredor mediterráneao (Seat o Volkswagen), puede suponer la conmoción para sus trabajadores directos y para el tejido ecónomico directamente vinculado a ello. Es, por ello, que el poder (poder entendido en el sentido de capacidad de influencia) de los fabricantes de coches es sustancial en la vertebración social.

Surge, entonces, la siguiente duda: Como su poder es de evidente efecto, ¿se debe permitir casi de forma servicial sus incumplimientos legislativos y regulamentarios o se les debe exigir, por el contrario, la máxima rigurisodidad en la aplicación de dichos marcos reglamentarios? Desde Servicio Alemán pensamos que se les debe exigir con absoluta rigurosidad y meticulosidad el cumplimiento de las normas impuestas por cada uno de los marcos legales. De hecho, pensamos que el sector automovilístico no solo debe ceñirse a los marcos legales, sino que dentro de sus campañas de responsabilidad social corporativa deben plantear unos niveles de autoexigencia que sirvan como ejemplo para el resto de la sociedad, a causa, mayormente, de su elevada capacidad de influencia sobre la comunidad.

Por tanto, consideramos una decepción profunda los casos destapados en Volkswagen y en Mitsubishi, además de sembrar sobre nuestro pensamiento la semilla de la duda hacia el resto del sector automovilístico. Pero lo que en verdad nos preocupa es el desempeño de la mentira y el fraude. Las pequeñas y medianas empresas también estamos sujetas a unos marcos reglamentarios que debemos cumplir. Desde Servicio Alemán siempre nos ha preocupado el seguimiento riguroso de esas normas. Cuidamos, procuramos y nos preocupamos por el tratamiento de los residuos generados en nuestros talleres. Nos ajustamos a la legislación impuesta y que creemos que se debe cumplir, pues su existencia así como su formulación surge de la necesidad de afrontar de manera eficiente y con responsabilidad el tratamiento de deshechos nocivos para el medio ambiente. Preferimos que nuestros coches, aquellos que se encuentran en nuestro servicio de alquiler y aquellos que salen en perfectas condiciones de nuestro taller de reparación, circulen por vías saludables, por carreteras limpias y permitan el descubrimiento de una naturaleza relajante y afectada en la menor medida posible por la mano del hombre. Pero es la responsabilidad la que guía el cumplimiento de las normas y la ejecución de nuestra profesión.

Por otra parte, se abre a debate la necesidad de un replanteamiento en el ordenamiento de la estructura social vinculada al mundo del coche. Es decir, si las fábricas de coches no son capaces de componer vehículos capaces de satisfacer las normativas vigentes y de ajustarse al poder adquisitivo de los consumidores, quizás tengamos que iniciar el camino hacia un nuevo modelo más sostenible o más apropiado, según nuestras capacidades. En este sentido, creemos que el car sharing puede ser una solución. En lugar de que cada individuo posea un coche, un coche puede estar al servicio de varios individuos. De forma que también se ahorran gastos en el mantenimiento del mismo, a la vez que somos menos agresivos con el medio ambiente.

No obstante, esta práctica no está muy extendida en nuestra cultura. Es un ejercicio social más difundido en el ámbito alemán, donde su implantación se remonta a unas décadas atrás. Allí, existen agencias municipales que se dedican a interconectar a usuarios con las mismas necesidades. Pongamos un ejemplo, imaginémonos que somos una pareja que quiere viajar de Munich a Dortmund. En nuestro coche cabrían otras tres personas, pues bien, dichas agencias se encargarían de encontrar a las personas que estuviesen en la misma o en una situación semejante. Por otra parte, también sirven para relacionar a personas que en su vida cotidiana mantienen trayectos similares: personas que van al trabajo, a la universidad, a hacer la compra…

Este sistema no está muy integrado en nuestra sociedad, si bien existen algunas iniciativas vinculadas a las nuevas tecnologías que pretenden imitar en cierta manera el modelo, como BlaBlaCar. No obstante, una respuesta tradicional y que ofrece unas garantías mayores a este modelo es el alquiler de coches. Este sistema está supervisado por una empresa que mantiene una reponsabilidad civil de cara a la calidad de su producto. De esta forma, el servicio de alquiler de coches debe presentar vehículos en óptimas condiciones, así como un seguro que salvaguarde los intereses de sus viajeros y de las posibles personas afectadas.

En este sentido, En Servicio Alemán nos preocupamos por adaptarnos a los cambios sociales que quizás serán finalmente exigidos por el devenir de los tiempos o que simplemente son reclamados por el conjunto de la población. El desencanto con los fabricantes de coches no debe impedirnos trabajar por la consecución de un mundo mejor dentro del universo del motor.

Publicado por Disalia