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Mis primeras escapadas en coche de alquiler

Ahora que la madurez comienza a asentarse en mi vida recuerdo mis vivencias en Ourense a diferentes edades. Recuerdo cuando era niño, cuando pasaba horas en la calle jugando. Una calle y mucha imaginación nos servían para crear un sinfín de mundos. Indiferentes a los coches que pasaban de vez en cuando. Era en verano, cuando el calor en Ourense agobia, cuando la gente se escapa de la ciudad en sus vehículos. Y a nosotros no nos importaba. Todo lo contrario.

Sin embargo, fui creciendo y la ciudad se hacía pequeña. Era ya adolescente. Soñaba ya con mi primer vehículo motorizado. Siempre rogando a mis padres por una moto, siempre pensando en mi futuro coche. Eran, en cierta manera, la escapatoria al calor de Ourense, del verano ourensán. Pero todavía éramos demasiado jóvenes. Jóvenes para escapar, pero mucha mente con ganas de aventura.

Y seguimos creciendo. Fue por aquella época cuando mis amigos empezaban a tener su propio coche. Algunos, más bien pocos. Algunos que, claro, para tener coche, trabajaban. Y esperábamos ansiosos el fin de semana. Para escaparnos con ellos. Con el rugido del motor, la ventanilla abierta, el calor del aire en nuestras caras y la carretera rodando bajo nuestros sueños. Era cuando nos escapábamos al campo, evitando el calor. Buscábamos refugio bajo una carballeda o bajo un pinar. O un río que nos refrescara. La radio del coche amenizaba nuestra aventura, con canciones que ya suenan de otra época. Pero había que volver. De noche por la carretera, el coche a su ritmo, nuestros sueños quedando atrás. Cinco días más de calor. Hasta que llegase el fin de semana.

Fue por aquel entonces, cuando un viejo amigo de la infancia, un hijo de emigrantes gallegos, vino en agosto. Él también trabajaba. Y, por supuesto, no venía para asarse en el calor del verano ourensán. Vino en avión. Cuando llegó nos preguntó si sabíamos dónde podía alquilar un coche. Por aquel entonces, para nosotros, el alquiler de coches nos parecía algo descabellado. Buscamos algunos sitios y encontramos Servicio Alemán, un lugar que nos ofreció la más grata de las confianzas.

“¿Alquiler de coche?”, pensábamos todo, “está loco”. Sin embargo, ahora, visto con perspectiva, puedo comprobar como fue un gran acierto. Gracias al alquiler de coche nos pegamos un verano de escándalo. Viajamos con él a la costa, a las múltiples fiestas y ferias gallegas: En Vilagarcía, Camariñas, Cambados, Coruña, Ortigueira. Y toda la provincia de Ourense. No dejamos nuestro culo quieto, siempre propulsado por un motor de alquiler. Y, por cierto, no era nada caro, sino bastante asumible para nuestras precarias economías.

Ahora que la madurez se ha asentado en mi vida, no contemplo comprarme un coche para vivir en una ciudad como Ourense. Ciudad pequeña, capital de provincia, perfectamente paseable a pie o en bici. Sin embargo, cuando mi espíritu aventurero me reclama o mi novia me mira con esa cara que dice “cariño, necesito respirar en el campo, vámonos a la carretera”. Entonces es cuando acudo a Servicio Alemán. Allí alquilo un coche para cuando lo necesito. Me escapo un fin de semana, un día o una tarde. O, incluso, una quincena, pero solo gasto el dinero que necesito. Y todo gracias al alquiler de coches, la oferta que cubre mi demanda.

Publicado por Disalia