Mis recuerdos de navidad en coche

Mi infancia está marcada por la lejanía que me separaba de mi tierra natal, Galicia. En concreto la provincia de Ourense. Durante mis primeros siete años de vida, mi familia y yo habitábamos la desierta y seca zona de la meseta peninsular. Para ser más concreto, en Ciudad Real. Urbe, no sé si decir seca o comida por el silencio de la nada que la rodea.

Sea como fuere, mis recuerdos infantiles están ambientados en las plazas, parques y el aire seco de esta ciudad. Sin embargo, por estas fechas, en Navidad, el recuerdo se sitúa en el plano del viaje. El viaje de vuelta a casa por Navidad. Un viaje de entre 600 u 800 km, dependiendo de la parte familiar que tocase visitar. Era un viaje en carretera, un viaje largo, una o dos jornadas de nuestro coche peleando contra las vicisitudes meteorológicas, contra las sorpresas de la carretera, contra la congestión de tráfico y, por qué no, digámoslo ya, por la ardua tarea de llevar a dos niños en la parte trasera del coche.

La aventura no era fácil. Yo y mi hermano, él dos años mayor que yo, cantábamos canciones de viaje, de carretera, preguntábamos que por dónde íbamos o nos alegrábamos al reconocer las señales, la figura, la silueta que nos entregaba la ciudad de Ourense, después de un largo trayecto por las carreteras peninsulares y gallegas.

Todo esto sucedió, ahora ya, hace unos 20 años. Ni qué decir tiene lo que han mejorado las carreteras tanto en Galicia como en el resto de España. En ese sentido y pese a mi juventud, me siento un pionero explorador de la red viaria española. Explorador en una época en la que una nevada te dejaba aislado en Piedrafita.

Recuerdo una noche. La Guardia Civil había cortado el paso. Ya no podían seguir avanzando los vehículos, a no ser que fuesen equipados con cadenas para sus neumáticos. La nevada se incrementaba, la cola de coches y camiones se perdía en la oscuridad de la noche y la cortina, cada vez más densa, de nieve cayendo. En el coche íbamos mi hermano, mi madre, mi abuela y yo.

Recuerdo a mi madre intentando negociar con el Guardia Civil, al final este la persuadió para que pasásemos la noche allí. Comenzaba la segunda aventura, encontrar alojamiento, posada. En un momento en el que los hostales y hoteles de carretera se encontraban saturados.

Al final, quizás por las caras de pena que emanaban dos niños con cara de buenos y la ternura que desprendíamos por aquel entonces, junto con dos mujeres, responsables de ellos y la nieve acosando nuestro futuro, un hostal nos ofreció una cama de matrimonio. Una cama para dos mujeres y dos niños. En verdad, con esa noche de frío, seguramente fue la mejor opción.

Recuerdo que al día siguiente, la nevada había parado. Hombres y mujeres regaban sus coches con agua para derretir el hielo que se había acostado en sus vehículos. Mientras tanto, mi hermano y yo salíamos eufóricos para saltar encima de la nieve. No sé cuántos centímetros de nieve habría, pero fue pisar esa nieve en polvo y hundirme hasta las ingles. Nuestros sueños se vieron truncados, cuando pretendimos hacer bolas de nieve. La nieve en polvo se deshacía de la misma manera que nuestros sueños dejaban Piedrafita, para conducir directos a nuestro destino, Ourense.

Ahora, cuando la madurez se ha asentado en mi espíritu. Cuando pretendo mirar las cosas con cierta perspectiva, cuando miro a mi coche, apropiado para los trayectos por ciudad. Ahora, cuando pienso en esos largos viajes interminables, con familia, con sueños y reencuentros, pienso en cómo lo haría yo hoy en día.

Pienso que en mi vida diaria no uso el coche para trayectos largos. Pienso que solo lo uso en trayectos cortos. Y, aun así, apenas lo uso en trayectos cortos. Pienso, entonces, en que esos recuerdos, además de toda la carga emotiva, me llevan a reconocer la utilidad del alquiler de coches.

Ahora vivo en Ourense ciudad, pero mi novia es de Zamora. Estas navidades las pasaremos con mi familia ourensana, pero el Fin de Año y el Año Nuevo lo pasaremos con su familia zamorana. Y no pienso usar mi coche, sino que recurriré al alquiler de coches ofertado por Servicio Alemán, para garantizarme un viaje seguro, confortable y cargado con los recuerdos futuros de mi navidad zamorana.

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